
http://www.blogger.com/img/blank.gif YO ESTUVE AHÍ
¡Yo estuve ahí ! , repetía por enésima vez, cómo queriendo convencer a los escépticos que lo rodeaban. Era otra de las muchas ocasiones en que lo volvía a escuchar, pero ahora había una expresión diferente en su cara sus ojos brillaban y su mirada quería trasladarse a ese lugar en que había estado. Su faz denotaba alegría, me pareció verlo vivir ese momento. Pensaba ayudarlo, quería entenderlo.
Mientras me trasladaba imaginariamente a través del tiempo, me incorpore súbitamente, otra vez empezaba a gesticular. Muchos, dicen que estuvieron, pero yo… sí, que estuve allí.
Rubén, quería convencerlos a todos. Yo empezaba a creerle. Me acerqué a él y le dije que me contara lo que había vivido hace tantos años, en ese lugar.
Quiso detener el tiempo para viajar al lugar que rondaba su vida. Me dijo, - ¿sabes? - ese momento, nunca, se volverá a repetir. Sólo los que estuvimos ahí, podemos comprenderlo. En mi interior, empezaba a cuestionarme, por no haber estado. Rubén, era toda alegría. Yo comprendía su inmensa felicidad.
Empezó a decirme que ese lugar, era todo desierto. “ … Todavía no me explico, cómo se ganó la Subsede. Fue por la osadía de los dirigentes de la época. Que germinara y brotara el pasto, es todavía un milagro…”
Me habló de Carlos Dittborn, el de la frase, que venció al resto de los postulantes; - “porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”, - me dijo - , que gracias a un gigante, llamado Junta de Adelanto de Arica, que entregó su aporte, se logró la construcción del estadio. Me mencionó a dirigentes de la talla, de un “Cuto” Zubiri, gran maestro y formador de muchas generaciones; al profesor Bernardo Gárate, don Octavio Letelier y Juanito Guillén Canales. - “Qué constelación, de personajes eternos” - , nos dijimos al unísono.
Aquí jugaron los rusos, los yugoslavos, los uruguayos y los colombianos. En ésta cancha se paseo la estampa señera del mejor arquero de la historia del fútbol, la “Araña Negra”, el inmortal Lev Yashin todavía me acuerdo cuando le tomé la mano, mientras entrenaba en la cancha dos del estadio.
Dicen como anécdota que la municipalidad ordenó el racionamiento del agua potable por tres días en la semana, hasta que el pasto creció en condiciones óptimas. – “Qué proeza y angustia para los dirigentes de la época” - , le dije con una mueca de alegría.
Hubo un partido memorable; Rusia le ganaba por 4 goles a 1 a Colombia, hasta promediar el segundo tiempo, y en una levantada increíble, los colombianos empataron a cuatro goles.
Aquí, me vienen a la mente, Efraín “Caimán” Sánchez, el guardavallas; la gambeta mágica de Delio “Maravilla” Gamboa, el desdoblamiento de funciones de Germán “Cuca” Aceros y Marcos “El Olímpico” Coll, Francisco “Cobo” Zuluaga y Marino Klinger, todos jugadores, con el aroma innato, del café colombiano.
De los rusos recuerdo la prestancia de Igor Chislenko, el oportunismo de Valentín Ivanovic, la ubicación de Viktor Ponedelnik, la marca de Igor Netto, las atajadas y la solvencia de Lev Yashin.
Entre los uruguayos y su garra charrúa, me acuerdo del “Negro” Luis Cubilla, José Sasía, Pedro Virgilio Rocha, Néstor Goncalves, Horacio Troche, su arquero Roberto Sosa y Emilio “Cococho” Alvarez, un jugador intuitivo y de gran anticipación. Este jugador, es el que más partidos ha jugado en la historia del club Nacional de Montevideo de Uruguay, totalizando 511, todo un récord.
De los yugoslavos, te puedo mencionar a su arquero Milutín Soskic, a Wladimir Popovic, a Petar Radakovic, a Dragolac Sekularac y su goleador Drazen Jerkovic.
- “He aquí, el último, de los mundiales clásicos y románticos, hecho a puro pulso y ñeque”- , me dijo, saltando de alegría. El cuento había empezado antes, en el año 1956 en Lisboa, Portugal; cuando se logró la Sede del Mundial de Fútbol de 1962 y allí emergieron dirigentes que lograron el sueño imposible: un Juan Pinto Durán, un Ernesto Alvear y el gran Carlos Dittborn. –“¿Ese de la frase?” - , - Él mismo - , asintió, moviendo su cabeza. Me lo dijo en un tono a pruebas de desmentidos, como queriendo que yo y nadie más, lo olvide jamás. Ese dirigente, fue capaz de vencer todos los obstáculos e incluso a los designios de la naturaleza. Me dijo que el 21 de Mayo de 1960, un pavoroso terremoto, había afectado a gran parte de la zona sur del país, y aún así, se organizó el Mundial del 62, surgiendo Arica como la tabla salvadora al atreverse a ser Subsede, y construir su estadio. Allí, el desierto de Arica, empezaba a girar en toda su magnitud, en la esfera mundial. Y haciéndome parte de su alegría y tomándome de la mano y elevándola al cielo en signo de agradecimiento, gritó para que todos los escucharan…. ¡Hemos salvado la Copa del Mundo del 62! Arica, Subsede de esa justa internacional. Si parece un sueño,… gritaba. Una burbuja de felicidad que no se romperá jamás. Pensativo me decía, todo el mundo rodando detrás de una pelota. Esa reina, giró por el pasto, tratada con cariño y se elevó con elegancia sensual por los aires ariqueños, para terminar besando las mallas de los arcos del estadio y lograr el grito de júbilo de la multitud anhelante, que miraba desde las tribunas.
La fiesta empezó el 30 de Mayo de 1962, con el partido en que Uruguay marcó 2 goles y Colombia 1 gol y que finalizó con el encuentro por Cuartos de Final, con el marcador de Chile 2 y Rusia 1 gol. La gran URSS, caía ante la formación histórica del equipo chileno y te los puedo nombrar de recorrido: Misael Escuti, al arco, la defensa con Luis “Fifo” Eyzaguirre, Raúl Sánchez, Carlos “Pluto” Contreras y el gran capitán Sergio Navarro, el mediocampo lo formaron Eladio Rojas, Jorge Toro y Armando Tobar y la delantera con Jaime Ramírez, Honorino Landa y Leonel Sánchez. Su entrenador Fernando “Tata” Riera, un trotamundos del buzo y un gran estratega que imponía la disciplina táctica y técnica en la cancha, y cuyos jugadores cumplían a la perfección; no por nada fue técnico del equipo Resto del Mundo y del Benfica de Portugal. Su ayudante fue Luis “Zorro” Alamos y el resto del equipo, que no puedo dejar de nombrar, en reconocimiento de todo el plantel, estuvo integrado por Adán Godoy, Manuel Astorga, Sergio Valdés, Manuel Rodríguez, Braulio Musso, Mario Ortíz, Carlos Campos, Hugo Lepe, Humberto “Chita” Cruz, Mario Moreno y Alberto “Tito” Fouilloux. También, hay un sentido recuerdo del gran utilero Enrique “Humberto” Molina. De esa gran tarde, todavía tengo grabado en mi memoria, los goles de Leonel Sánchez y de Eladio Rojas. Aquí, gritó “¡Justicia divina!” , en su relato del partido, Julio Martínez. Resulta que Armando Tobar fue derribado en el área por un jugador ruso, era penal; pero el árbitro cobró tiro libre directo, y Leonel Sánchez derrotó a Yashin, con un disparo seco, entre el espacio del poste derecho y el arquero ruso. El gran Yashin, quedó parado y sorprendido, desatando la alegría en el estadio y en el país. La divinidad se hizo presente en el Carlos Dittborn.
El segundo fue un golazo, a los 28 minutos del primer tiempo, después del empate ruso. Todos estábamos nerviosos y expectantes; pero Eladio Rojas, con tiro de 35 metros y esquinado hacia el rincón izquierdo del arco, dejó sin chance, la espectacular estirada del guardavallas ruso. Aquí se desató el carnaval ariqueño, todo el estadio se levantó en un instante supremo de jolgorio, queriendo guardar, cómo un tesoro, en el mejor cofre del recuerdo, ese momento. Yo, instintivamente, miré el tablero marcador, que estaba a mis espaldas, era verdad; Chile vencía por dos goles a uno a Rusia. Más allá un vendedor de naranjas, en el grado máximo de su alegría, lanzaba el canasto con la jugosa fruta, por los aires. Muchos calmaron su sed en la asoleada tarde nortina y empaparon sus gargantas con el dulce jugo, para seguir gritando.
Los jugadores se movían, disputando la pelota por el gramado de la cancha, el partido se desarrollaba con hidalguía y espíritu competitivo; con coraje se disputaba cada balón. Para mí, cada segundo, era un siglo, quería que terminara el partido y mirando el tablero de reojo, le suplicaba, - “no te muevas más, quédate para siempre con ese marcador “ - . La defensa chilena, haciéndose eco de mi petición, cumplía con su deber, despejando la pelota que rondaba el arco chileno, y en un contragolpe, en los minutos finales, el “Nino” Landa, ante un rechazo de Raúl Sánchez, partiendo con la pelota dominada, desde la mitad de la cancha, se enfrenta a Yashin y dispara, la pelota va directo hacia el fondo de las redes y en una espectacular volada, llena de plasticidad y reflejos, en una gran atajada, el arquero ruso; suspendido por los aires, desvía la pelota e impide el gol. Instantes después, finalizaba el partido. Todos se abrazan y celebran. Los jugadores chilenos, son sacados en andas y con los ojos llorosos, dedican su triunfo a los sufridos hinchas ariqueños, a los que se hicieron presentes, en ese hecho memorable y que perdurara por siempre en los anales de la historia deportiva mundial.
Me sigue encantando con su relato. Rubén vuelve de su éxtasis y me cuenta que en la Subsede de Arica se ha convertido el único gol olímpico en la historia de los Campeonatos Mundiales de Fútbol. Lo hizo efectivo el jugador colombiano Marcos Coll, en el match disputado entre Colombia y Rusia. Me hace presente que aquí jugaron, tres de los goleadores del Mundial; el yugoslavo Jerkovic, el ruso Ivanovic y el chileno Leonel Sánchez. Pero el que brilló con luces propias en el firmamento de los elegidos, es el arquero ruso Lev Yashin. Fue el primer arquero en jugar con los pies y hacer suya el área penal, al combinar su soberbio estado atlético con coraje para lanzarse a los pies de los delanteros rivales. El guardameta más grande de la historia del fútbol, estuvo en los arcos del estadio de Arica, mostrando su agilidad, su seguridad, con reflejos excepcionales y un gran sentido de la anticipación. Muy raras veces otorgaba rebotes, para segundas chances de los delanteros, tenía un perfecto sentido de la colocación. Dueño de una enorme confianza en sí mismo, se destacó también por su maravilloso sentido de equipo, posibilitando con entregas rápidas, que sus compañeros iniciaran rápidos ataques para sorprender a las defensas rivales. En su carrera deportiva atajó 150 penales. Además, logró evitar la caída de su valla en 270 partidos, dos marcas inigualables hasta el momento.
Rubén me sigue diciendo, - “he leído mucho de Él” - . La “Araña Negra”, es descrito así, por el escritor José Antonio Galloso, en su analogía Yashin y Cervantes, dos maestros: “Definitivamente, Yashin, fue un innovador del arco y un maestro en el uso de la palabra. Él marcó el camino del cancerbero moderno con su estilo único de anticipación y salida. Así como lo hizo Miguel de Cervantes y Saavedra en el campo de la literatura, más de tres siglos antes, cuando publicó por primera vez “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”, en la imprenta de Juan de la Cuesta. Tanto Lev Yashin en el arco, como Miguel de Cervantes y Saavedra en la literatura, sin quererlo o queriéndolo con todas sus fuerzas, marcaron la historia trazando en el tiempo una línea divisoria y fundacional. Ambos fueron capaces de elevar al nivel más alto, actividades tan difíciles e incomprendidas como las suyas”.
Era el Domingo 10 de Junio de 1962, aproximadamente las 10:10 horas, Rubén salía de su casa, ubicada en Pedro Montt Nº 642, en compañía de su tío Enrique Vásquez Rojas, y dirigiéndose a la calle 18 de Septiembre, enfilaban su rumbo hacia el estadio Carlos Dittborn de Arica. Iban a presenciar, el crucial partido, por el Campeonato Mundial de Fútbol de 1962; Chile contra Rusia.
Ahora, dando fe de lo ocurrido, puedo afirmar que, en realidad, ¡Rubén estuvo ahí!
AUTOR: RUBÉN SAAVEDRA VÁSQUEZ.
PROFESOR DE ESTADO

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