sábado, 7 de abril de 2012

¡ YO ESTUVE AHÍ !


http://www.blogger.com/img/blank.gif YO ESTUVE AHÍ

¡Yo estuve ahí ! , repetía por enésima vez, cómo queriendo convencer a los escépticos que lo rodeaban. Era otra de las muchas ocasiones en que lo volvía a escuchar, pero ahora había una expresión diferente en su cara sus ojos brillaban y su mirada quería trasladarse a ese lugar en que había estado. Su faz denotaba alegría, me pareció verlo vivir ese momento. Pensaba ayudarlo, quería entenderlo.
Mientras me trasladaba imaginariamente a través del tiempo, me incorpore súbitamente, otra vez empezaba a gesticular. Muchos, dicen que estuvieron, pero yo… sí, que estuve allí.
Rubén, quería convencerlos a todos. Yo empezaba a creerle. Me acerqué a él y le dije que me contara lo que había vivido hace tantos años, en ese lugar.
Quiso detener el tiempo para viajar al lugar que rondaba su vida. Me dijo, - ¿sabes? - ese momento, nunca, se volverá a repetir. Sólo los que estuvimos ahí, podemos comprenderlo. En mi interior, empezaba a cuestionarme, por no haber estado. Rubén, era toda alegría. Yo comprendía su inmensa felicidad.
Empezó a decirme que ese lugar, era todo desierto. “ … Todavía no me explico, cómo se ganó la Subsede. Fue por la osadía de los dirigentes de la época. Que germinara y brotara el pasto, es todavía un milagro…”
Me habló de Carlos Dittborn, el de la frase, que venció al resto de los postulantes; - “porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”, - me dijo - , que gracias a un gigante, llamado Junta de Adelanto de Arica, que entregó su aporte, se logró la construcción del estadio. Me mencionó a dirigentes de la talla, de un “Cuto” Zubiri, gran maestro y formador de muchas generaciones; al profesor Bernardo Gárate, don Octavio Letelier y Juanito Guillén Canales. - “Qué constelación, de personajes eternos” - , nos dijimos al unísono.
Aquí jugaron los rusos, los yugoslavos, los uruguayos y los colombianos. En ésta cancha se paseo la estampa señera del mejor arquero de la historia del fútbol, la “Araña Negra”, el inmortal Lev Yashin todavía me acuerdo cuando le tomé la mano, mientras entrenaba en la cancha dos del estadio.
Dicen como anécdota que la municipalidad ordenó el racionamiento del agua potable por tres días en la semana, hasta que el pasto creció en condiciones óptimas. – “Qué proeza y angustia para los dirigentes de la época” - , le dije con una mueca de alegría.
Hubo un partido memorable; Rusia le ganaba por 4 goles a 1 a Colombia, hasta promediar el segundo tiempo, y en una levantada increíble, los colombianos empataron a cuatro goles.
Aquí, me vienen a la mente, Efraín “Caimán” Sánchez, el guardavallas; la gambeta mágica de Delio “Maravilla” Gamboa, el desdoblamiento de funciones de Germán “Cuca” Aceros y Marcos “El Olímpico” Coll, Francisco “Cobo” Zuluaga y Marino Klinger, todos jugadores, con el aroma innato, del café colombiano.
De los rusos recuerdo la prestancia de Igor Chislenko, el oportunismo de Valentín Ivanovic, la ubicación de Viktor Ponedelnik, la marca de Igor Netto, las atajadas y la solvencia de Lev Yashin.
Entre los uruguayos y su garra charrúa, me acuerdo del “Negro” Luis Cubilla, José Sasía, Pedro Virgilio Rocha, Néstor Goncalves, Horacio Troche, su arquero Roberto Sosa y Emilio “Cococho” Alvarez, un jugador intuitivo y de gran anticipación. Este jugador, es el que más partidos ha jugado en la historia del club Nacional de Montevideo de Uruguay, totalizando 511, todo un récord.
De los yugoslavos, te puedo mencionar a su arquero Milutín Soskic, a Wladimir Popovic, a Petar Radakovic, a Dragolac Sekularac y su goleador Drazen Jerkovic.
- “He aquí, el último, de los mundiales clásicos y románticos, hecho a puro pulso y ñeque”- , me dijo, saltando de alegría. El cuento había empezado antes, en el año 1956 en Lisboa, Portugal; cuando se logró la Sede del Mundial de Fútbol de 1962 y allí emergieron dirigentes que lograron el sueño imposible: un Juan Pinto Durán, un Ernesto Alvear y el gran Carlos Dittborn. –“¿Ese de la frase?” - , - Él mismo - , asintió, moviendo su cabeza. Me lo dijo en un tono a pruebas de desmentidos, como queriendo que yo y nadie más, lo olvide jamás. Ese dirigente, fue capaz de vencer todos los obstáculos e incluso a los designios de la naturaleza. Me dijo que el 21 de Mayo de 1960, un pavoroso terremoto, había afectado a gran parte de la zona sur del país, y aún así, se organizó el Mundial del 62, surgiendo Arica como la tabla salvadora al atreverse a ser Subsede, y construir su estadio. Allí, el desierto de Arica, empezaba a girar en toda su magnitud, en la esfera mundial. Y haciéndome parte de su alegría y tomándome de la mano y elevándola al cielo en signo de agradecimiento, gritó para que todos los escucharan…. ¡Hemos salvado la Copa del Mundo del 62! Arica, Subsede de esa justa internacional. Si parece un sueño,… gritaba. Una burbuja de felicidad que no se romperá jamás. Pensativo me decía, todo el mundo rodando detrás de una pelota. Esa reina, giró por el pasto, tratada con cariño y se elevó con elegancia sensual por los aires ariqueños, para terminar besando las mallas de los arcos del estadio y lograr el grito de júbilo de la multitud anhelante, que miraba desde las tribunas.
La fiesta empezó el 30 de Mayo de 1962, con el partido en que Uruguay marcó 2 goles y Colombia 1 gol y que finalizó con el encuentro por Cuartos de Final, con el marcador de Chile 2 y Rusia 1 gol. La gran URSS, caía ante la formación histórica del equipo chileno y te los puedo nombrar de recorrido: Misael Escuti, al arco, la defensa con Luis “Fifo” Eyzaguirre, Raúl Sánchez, Carlos “Pluto” Contreras y el gran capitán Sergio Navarro, el mediocampo lo formaron Eladio Rojas, Jorge Toro y Armando Tobar y la delantera con Jaime Ramírez, Honorino Landa y Leonel Sánchez. Su entrenador Fernando “Tata” Riera, un trotamundos del buzo y un gran estratega que imponía la disciplina táctica y técnica en la cancha, y cuyos jugadores cumplían a la perfección; no por nada fue técnico del equipo Resto del Mundo y del Benfica de Portugal. Su ayudante fue Luis “Zorro” Alamos y el resto del equipo, que no puedo dejar de nombrar, en reconocimiento de todo el plantel, estuvo integrado por Adán Godoy, Manuel Astorga, Sergio Valdés, Manuel Rodríguez, Braulio Musso, Mario Ortíz, Carlos Campos, Hugo Lepe, Humberto “Chita” Cruz, Mario Moreno y Alberto “Tito” Fouilloux. También, hay un sentido recuerdo del gran utilero Enrique “Humberto” Molina. De esa gran tarde, todavía tengo grabado en mi memoria, los goles de Leonel Sánchez y de Eladio Rojas. Aquí, gritó “¡Justicia divina!” , en su relato del partido, Julio Martínez. Resulta que Armando Tobar fue derribado en el área por un jugador ruso, era penal; pero el árbitro cobró tiro libre directo, y Leonel Sánchez derrotó a Yashin, con un disparo seco, entre el espacio del poste derecho y el arquero ruso. El gran Yashin, quedó parado y sorprendido, desatando la alegría en el estadio y en el país. La divinidad se hizo presente en el Carlos Dittborn.
El segundo fue un golazo, a los 28 minutos del primer tiempo, después del empate ruso. Todos estábamos nerviosos y expectantes; pero Eladio Rojas, con tiro de 35 metros y esquinado hacia el rincón izquierdo del arco, dejó sin chance, la espectacular estirada del guardavallas ruso. Aquí se desató el carnaval ariqueño, todo el estadio se levantó en un instante supremo de jolgorio, queriendo guardar, cómo un tesoro, en el mejor cofre del recuerdo, ese momento. Yo, instintivamente, miré el tablero marcador, que estaba a mis espaldas, era verdad; Chile vencía por dos goles a uno a Rusia. Más allá un vendedor de naranjas, en el grado máximo de su alegría, lanzaba el canasto con la jugosa fruta, por los aires. Muchos calmaron su sed en la asoleada tarde nortina y empaparon sus gargantas con el dulce jugo, para seguir gritando.
Los jugadores se movían, disputando la pelota por el gramado de la cancha, el partido se desarrollaba con hidalguía y espíritu competitivo; con coraje se disputaba cada balón. Para mí, cada segundo, era un siglo, quería que terminara el partido y mirando el tablero de reojo, le suplicaba, - “no te muevas más, quédate para siempre con ese marcador “ - . La defensa chilena, haciéndose eco de mi petición, cumplía con su deber, despejando la pelota que rondaba el arco chileno, y en un contragolpe, en los minutos finales, el “Nino” Landa, ante un rechazo de Raúl Sánchez, partiendo con la pelota dominada, desde la mitad de la cancha, se enfrenta a Yashin y dispara, la pelota va directo hacia el fondo de las redes y en una espectacular volada, llena de plasticidad y reflejos, en una gran atajada, el arquero ruso; suspendido por los aires, desvía la pelota e impide el gol. Instantes después, finalizaba el partido. Todos se abrazan y celebran. Los jugadores chilenos, son sacados en andas y con los ojos llorosos, dedican su triunfo a los sufridos hinchas ariqueños, a los que se hicieron presentes, en ese hecho memorable y que perdurara por siempre en los anales de la historia deportiva mundial.
Me sigue encantando con su relato. Rubén vuelve de su éxtasis y me cuenta que en la Subsede de Arica se ha convertido el único gol olímpico en la historia de los Campeonatos Mundiales de Fútbol. Lo hizo efectivo el jugador colombiano Marcos Coll, en el match disputado entre Colombia y Rusia. Me hace presente que aquí jugaron, tres de los goleadores del Mundial; el yugoslavo Jerkovic, el ruso Ivanovic y el chileno Leonel Sánchez. Pero el que brilló con luces propias en el firmamento de los elegidos, es el arquero ruso Lev Yashin. Fue el primer arquero en jugar con los pies y hacer suya el área penal, al combinar su soberbio estado atlético con coraje para lanzarse a los pies de los delanteros rivales. El guardameta más grande de la historia del fútbol, estuvo en los arcos del estadio de Arica, mostrando su agilidad, su seguridad, con reflejos excepcionales y un gran sentido de la anticipación. Muy raras veces otorgaba rebotes, para segundas chances de los delanteros, tenía un perfecto sentido de la colocación. Dueño de una enorme confianza en sí mismo, se destacó también por su maravilloso sentido de equipo, posibilitando con entregas rápidas, que sus compañeros iniciaran rápidos ataques para sorprender a las defensas rivales. En su carrera deportiva atajó 150 penales. Además, logró evitar la caída de su valla en 270 partidos, dos marcas inigualables hasta el momento.
Rubén me sigue diciendo, - “he leído mucho de Él” - . La “Araña Negra”, es descrito así, por el escritor José Antonio Galloso, en su analogía Yashin y Cervantes, dos maestros: “Definitivamente, Yashin, fue un innovador del arco y un maestro en el uso de la palabra. Él marcó el camino del cancerbero moderno con su estilo único de anticipación y salida. Así como lo hizo Miguel de Cervantes y Saavedra en el campo de la literatura, más de tres siglos antes, cuando publicó por primera vez “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”, en la imprenta de Juan de la Cuesta. Tanto Lev Yashin en el arco, como Miguel de Cervantes y Saavedra en la literatura, sin quererlo o queriéndolo con todas sus fuerzas, marcaron la historia trazando en el tiempo una línea divisoria y fundacional. Ambos fueron capaces de elevar al nivel más alto, actividades tan difíciles e incomprendidas como las suyas”.
Era el Domingo 10 de Junio de 1962, aproximadamente las 10:10 horas, Rubén salía de su casa, ubicada en Pedro Montt Nº 642, en compañía de su tío Enrique Vásquez Rojas, y dirigiéndose a la calle 18 de Septiembre, enfilaban su rumbo hacia el estadio Carlos Dittborn de Arica. Iban a presenciar, el crucial partido, por el Campeonato Mundial de Fútbol de 1962; Chile contra Rusia.
Ahora, dando fe de lo ocurrido, puedo afirmar que, en realidad, ¡Rubén estuvo ahí!

AUTOR: RUBÉN SAAVEDRA VÁSQUEZ.
PROFESOR DE ESTADO





martes, 16 de diciembre de 2008

"EL GRINGO SAAVEDRA"






El “Gringo Saavedra”, era un mocetón lleno de fibras en todo su cuerpo, se jactaba de sacar punche, que mostraba en sus fornidos brazos a flor de piel. Era de musculatura recia y podía desafiar a cualquiera. Tenía una estampa de boxeador de peso gallo, cuando se ponía en guardia para mostrar su cuerpo lleno de músculos y recordaba su pasado en las tierras sureñas que lo vieron moldear su atlética figura.
Se vanagloriaba de ser capaz de domar a los caballos más chúcaros, en los campos de su recordado Renaico.
El “Gringo Saavedra”, vio la luz del mundo en Nacimiento, cerca de Los Angeles, después su infancia y adolescencia transcurrió en Renaico. Nos cuenta que su deseo de aprender, lo llevó a cursar hasta Tercero Preparatoria, en una vieja escuelita rural de Angol.
En sus correrías desafiaba a los ríos Malleco, Mininco y Renaico, cruzando sus caudalosas aguas de lado a lado, abriéndose paso por el torrente con sus brazadas de experto nadador y encaraba a las abominables alimañas que merodeaban por el sector.
A los diecisiete años, se enroló en el ejército para cumplir con su servicio militar, en el Regimiento de Caballería de Quillota, esperando tener un mejor destino, frente al devenir diario de la vida, el que fue interrumpido cuando aplicó un puñetazo en pleno mentón a un subteniente que tuvo la osadía de darle un fuerte golpe en la espalda, con un rebenque, mientras un cordón de su bota lo hacía entrar en ira. Cinco soldados debieron detenerlo en su frenético bregar de aniquilamiento del agresor. El “Gringo” no podía soportar tal afrenta. El preciso golpe al mentón, hizo volar por los aires, al mequetrefe insulso. Fue confinado a un calabozo y pasó cinco días a pan y agua, siendo posteriormente dado de baja.
Después de deambular por un tiempo, ingresó a Carabineros de Chile y fue destinado a Arica, llegando a servir a la Segunda Comisaría, ubicada en el sector de la Chimba, entre los barrios ariqueños de Pedro Montt y Chacabuco, en la salida del FFCC. Arica- La Paz y de la Estación de Arica – Tacna.
Aquí, conoció a una hermosa morena, que lo cautivó, desde un principio. Mientras llegaba a la pensión de su casa y entre los menesteres domésticos propios de un lugar de comida, nació el amor que venció por única vez al “Gringo Saavedra”, de cuya unión nacieron tres hijos y le sobreviven seis nietos y tres bisnietos.
Por el año 1950, el “Gringo” fue integrante de la Brigada Antimalárica, que combatía el paludismo, en los sectores rurales de Arica.

En su afán por leer, escudriñaba todos los libros que llegaban a sus manos, lo que lo hizo aquilatar un importante bagaje cultural, siendo capaz de enseñar a leer y escribir a muchos niños y jóvenes de la Precordillera y del Altiplano, en los Retenes en los que realizaba su labor como Carabinero. Todavía, me encuentro con ariqueños, que supieron de sus enseñanzas y recuerdan a ese incipiente profesor rural, cuyo mayor orgullo era haberles enseñado, además; de la lectura y escritura, las cuatro operaciones aritméticas y los valores patrios.
Era un Baqueano, conocía las sendas y los inhóspitos caminos a la perfección. Allá por el Altiplano Chileno, Tignamar, Belén, Chapiquiña, Murmuntani, Socoroma, Putre, Chucuyo, Caquena, Chungará, Guacoyo, Guallatire, Chilcaya, Caritaya, Esquiña y Camarones, supieron de sus recorridos a lomo de mulas y machos, por ignotos pasos y senderos, que lo hicieron merecedor al título de Baqueano de la Frontera. Su fama se fue extendiendo, ya que como nadie conocía las mil mañas, para dominar a la montaña y sus quebradas, en que la experiencia y la naturaleza son las maestras, para vencer el vértigo del abismo en que animal y hombre son uno solo, en una lucha épica contra los elementos geográficos. Por el lado de la línea férrea, supieron de su presencia Central, Puquios, Alcérreca, Villa Industrial, Tacora, Chislluma, General Lagos y Vísviri. También, recorrió y prestó sus servicios en los Retenes de los Valles de Poconchile y San Miguel de Azapa.

Era un verdadero placer, verlo descender a lomo de mula, por la Quebrada de Livílcar, en su recorrido desde Belén, para llegar en su patrullaje al Santuario de la Virgen de Las Peñas.
Así, el “Gringo”, fue venciendo a la geografía del sector, en sus patrullajes por las Quebradas de Palcoalla, Las Cuevas, Sora-Sora, Honda y Ajatama, encontrándose con los bofedales “tipo de vega pantanosa con pastizales húmedos”, con la yareta, los cactus, la paja brava, la queñoa, la tola, la chachacoma, la guacaya, el tamarugo y en la inmensidad del cielo, con el vuelo del cóndor y de las parinas.
Dicen, que el “Gringo”, se bañó varias veces en el Lago Chungará y en las Lagunas del Cotacotani, desafiando el frío, para templar su espíritu indomable, llegando en varias oportunidades a bordear el nacimiento de los Volcanes Pomerape y los Payachatas.
El “Gringo” se enamoró del Altiplano y en esos lugares luchó contra el soroche, la puna y la soledad. Su piel se fue curtiendo con el frío cordillerano al recorrer los parajes en sus patrullajes, en que el zorro, el guanaco, el alpaco, la llama, el quirquincho, la vicuña y la vizcacha eran sus mejores amigos.
Sus nietos cuentan de sus andanzas, en las que enfrentaba al dragón y al puma del Morro de Arica, saliendo siempre airoso, en esas confrontaciones cuerpo a cuerpo.
En su vida llena de contrastes, supo unir el verdor de sus campos del sur con la aridez del desierto nortino.
Era capaz de recitar los poemas de Rubén Darío, “Los Motivos del Lobo” y “A Margarita Debayle”, y les enseñó a sus nietos, varios poesías, los que recuerdan con emoción, después de varios años, el poema de José Rosas Moreno “La Flor y La Nube” y su enseñanza; “no hagas el bien; cuando es muy tarde”.
El “Gringo Saavedra”, dejó de ver su hermosa Arica y el Altiplano, el 20 de Mayo de 1996, y se durmió en su sueño, que lo llevó a cabalgar por los senderos y quebradas que recorrió, para encontrarse nuevamente con el “agua que corre y escurre” de Socoroma, con el “murmullo de agua” de Putre, con la “bahía nueva” de Arica, con el “pedregal” de Codpa, con el “durmiente de espina” de Chapiquiña, con el “corral con asiento” de Chucuyo, con los “musgos en roca” de Chungará, con la “abundancia de guallata” de Guallatire, con la “laguna de flamencos” de Parinacota, con la “tierra fecunda” de Pachama, con la “cosecha” de Esquiña, con la “quebrada” de Belén, con las “algas de río” de Murmuntani, con la “paja fértil” de Poconchile, con la “yuca blanca” de Socoroma, con la “inquietud” de Tacora, con el “lugar florecido” de Tignamar, con el “río solitario” de Zapahuira, con el “zumbido del viento” de Vísviri, montado en su macho blanco, a través de las esferas siderales de la eternidad.
Dedicado a la memoria de mi padre: Rubén Saavedra Peña

Autor: Rubén Saavedra Vásquez

martes, 8 de julio de 2008

LOS ARCOS DEL DITTBORN


Los Arcos del Dittborn Mientras divagaba por las canchas interiores del Dittborn, me encontré de sopetón con los arcos del mundialista. Allí estaban, en la cancha tres, los mudos testigos de los momentos de gloria y tristeza del fútbol ariqueño. Los toqué y acaricié, los palos querían hablar y contar sus emociones vividas en sus áreas y en sus redes. Si todo el juego se desarrolla en la cancha, pero si no llegan acá, no hay emoción y si no inflan mis redes; menos. Aquí se ganan o se pierden los partidos y en esa contradicción del juego, los arqueros son mis aliados y todos los demás mis enemigos. Pero cuando la pelota traspasa la línea de sentencia, se produce el estallido de la multitud, unos se alegran y otros sufren su frustración. Ahora dimensiono la importancia de los arcos. Sin ellos no hay nada, el fútbol pierde su esencia vital; que es el gol. Sin los arcos no se puede jugar, si en las pichangas callejeras, recordé... -a los arcos-, que se marcaban con una pequeña hilera de piedras y cuando la pelota pasaba por encima de ellas, muchos gritaban -palo-, haciendo alusión a los arcos imaginarios. Ellos estaban allí, los arcos originales de la cancha principal del Estadio Carlos Dittborn, los testigos vivientes del Mundial de Fútbol de 1962. Los que saben de las atajadas de Yashin, de "Caimán" Sánchez, de Soskic, de Sosa, de Escuti. Los que vieron los goles de Leonel, de Eladio Rojas, del único gol olímpico convertido en la historia de los mundiales de fútbol, obra maestra de Marcos Coll de la Selección Colombiana. En éste arco, el del sector norte del Dittborn, que da hacia la calle 18 de Septiembre, el "Nino" Landa enfrentó a la "Araña Negra" Yashin. Chile defendía el 2 a 1, contra Rusia. Despejó Raúl Sánchez y Honorino Landa recibió la pelota en media cancha y corrió con ella hasta enfrentar a Yashin. Muchos dicen que Landa se perdió el gol, pero si fue una atajada fenomenal de la "Araña Negra". Quisiera enfrentar nuevamente, la destreza y la genialidad, pero ambos juegan el partido de la eternidad, en la cancha del paraíso de los elegidos. Aquí, en éste mismo arco, Mario Canales, de la Selección Juvenil de Arica, le convirtió el único gol al "Polo" Vallejos de la Selección Cadetes de Santiago, en el Campeonato del año 1963. También, me dice que vio, cuando el "saquero" Castro, anuló el gol del "Chino" Arias, en la Liguilla del año 1980. Estos arcos fueron defendidos por arqueros como Sáez, "Chancho" Romero, "Zapatote" Osorio, José Figueroa, Jaime Arancibia, Rolando Caviedes, "Cholo" Marín,"Pichi" Rodríguez, Julio Felipe Luna, Lucho Duarte, Luis Díaz y Kroll Albiña. Los mismos arcos que se deleitaron con los goles de "Chamaco Valdés, del "Mago de la Zurda" Jorge Cabrera, de Bianco, de Esquivel, de Moscoso, del "Burro" Pinto, de Carlín Díaz, Rafael Pizarro, Mario Llanos, “Kiko” Valenzuela, Manuel Muñoz, Osvaldo “Arica” Hurtado, del "Zorro" Lara, del "Pato" Stagnaro, del "Mañungo" y del "Cuchillo" Flores, de Luis Núñez, del “Mono” Loayza, de Juan Díaz, del Conrado Sepúlveda y del "Cachimbo" Véliz. Los arcos que vieron los clásicos de la AFA, entre Unión Matadero y Norte Unido, el ingreso del Club de Deportes Arica al Fútbol Profesional y su devenir en Segunda y Primera División. En la Tercera División, también -me repiten-, aúnque trato de contradecirlos, me dicen que vieron el último gol de penal del Club San Marcos de Arica a Municipal Iquique, convertido por el "Makanaki" Godoy, los goles del “Chicoria” Pulgar y del “Compañero” David Allende y vibraron con el gol del “Melón” Espinoza, que permitieron el retorno de Deportes Arica al fútbol profesional. Aquí comprendo, que estos testigos mudos del fútbol ariqueño, pese al olvido, siguen viviendo en la cancha principal del Dittborn. Autor:Rubén Saavedra Vásquez Profesor de Estado Inscripción Nº 191.051 Ley de Propiedad Intelectual Derechos Reservados Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, mediante cualquier medio tecnológico.

"RECORDANDO"

"RECORDANDO" Todavía resonaba en mis oídos, la melodía de la canción que escuchaba por varias veces, mientras el viejo tocadiscos giraba con los temas de Billy Caffaro “Personalidad”, “Marcianita”, “Noche de Luna” y “Un telegrama”. Salía de la casa de mis tíos, en la calle Pedro Montt Nº 647 y al pasar por la de mi abuelita, esa voz me acompañaba, hasta hacerse parte de mí. Mis primos y mis tíos se solazaban con los tonos armoniosos que emitía el tocadiscos y subían su volumen hasta que los tímpanos vibraban con los ecos que retumbaban por las paredes de la casa hasta alcanzar la calle. Recuerdo que era el 19 de Octubre de 1964 y caminaba por Pedro Montt, hasta llegar a 18 de Septiembre, por la Grace. Daba vueltas por la manzana, en mi paseo del atardecer, regresando por Maipú y ahí estaba el fonógrafo tocando el tema de The Shadows, “Te veré en mi batería”, que mi primo repicaba con dos tenedores en el baúl del dormitorio. Posteriormente, venían a ocupar la palestra “Crema Batida” con los Ramblers, “Linda Chica” y “Recordando lo Pasado” con Los Tigres. La música pasa a ser importante en nuestras vidas y está con nosotros desde siempre. Desde la primera canción de cuna que nos cantaba la mamá y del primer sonido que emitimos al llegar al mundo. En esa combinación coherente de sonidos y silencios utilizando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo, mediante la intervención de complejos procesos psico-anímicos, la música es un arte y se convierte en un proceso cultural al suscitar una experiencia estética en el oyente y expresar sentimientos y pensamientos de lo que sucede o acontece en nuestro devenir. Así, se ordenan los sonidos en el tiempo. Según el compositor Claude Debussy, la música es “un total de fuerzas dispersas expresadas en un proceso sonoro que incluye: el instrumento, el instrumentista, el creador y su obra, un medio propagador y un sistema receptor”. Las canciones que recuerdo, eran grabadas en un disco de vinilo y de sus surcos sacaba la música la aguja del giradiscos, tocadiscos, platina de discos, tormamesa o fonochasis, que sucedieron al fonógrafo de Edison. En los malones de ese tiempo, no podían faltar la discorola o el tocadiscos y junto a la bebida y el queque, estaban los discos para bailar con la niña de nuestros sueños juveniles. Todavía, resuena en mis oídos, la canción de Payo Grondona “Cuando era Guailón”, me compré un Pickup, leí el “Okey” y el “Ecrán”, me desvirginó el “Pingüino”… Autor: Rubén Saavedra Vásquez Profesor de Estado

PERROS; PERO FIELES

PERROS; PERO FIELES Ese día, amaneció medio raro. La Solitaria, una mestiza café rubio, se lamía su lado intercostal derecho; parecía que el ponzoñoso quería ganar la batalla, pero ella se resistía con el valor que le daban sus años de perra callejera. Siempre me preguntaba cómo llegó, de dónde surgió. Una cosa es clara, se asiló buscando su canil, para dar a luz; estaba preñada y sus crías a punto de nacer. Ya la había visto, merodeando el sector, en los días previos a parir, cuando quería desalojar a la Negra, del antejardín de la casa y adueñarse de su retablo, para la seguridad de su parición y darle protección a sus crías. Era el cumpleaños del Pablo, la Negra su regalona, era una mestiza que recogí de la calle hace ocho años, se encontraba en el sillón del comedor de verano dormitando su eterno cansancio. La juvenil Pantera, mezcla de labrador y cooker, con su pelaje negro, husmeaba todo el patio en busca de los gatos que interrumpían su quietud. La Dorka, una miniatura de maltesa, saltaba de la cama ladrando para hacer oír su presencia, ya que sus años la acercaban a la senectud. Sacando fuerzas de flaquezas caminaba por el pasillo del patio y llegando al comedor de verano, saltaba y se encaramaba en el sillón, al costado izquierdo de la Negra. Qué historia tendrán todos los perros, serán felices en su cautiverio doméstico, se adaptarán a nuestras costumbres, meditaba mientras miraba a cada una con cariño. Algo me hizo cambiar en la vida, acerca de la opinión que tenía de ellos. Me parece que fue la Dorka, la que me produjo una atracción sin igual. La que visualizó un sentimiento hacia la naturaleza en todo su esplendor. Hay perros de muchos tipos, los hay de raza, de pedigree, de casta y de estirpe; pero de todos me quedo con los quiltros. Esos callejeros que nacen de perras flacas y tristes. Esos pobres de sangre y de estampa, que buscando un mendrugo están destinados a comer basura de esquina en esquina. Siempre están ahí, no hay un acontecimiento que se precie de tal, sin la presencia de un perro. En los desfiles, en la fiestas populares, en los campeonatos de fútbol, en los funerales, en los cambios presidenciales de La Moneda. Ellos, están allí y hacen sentir su presencia, que distinto sería el mundo sin los perros; compañeros inseparables del hombre. Ellos no saben de clases sociales, acompañan a un mendigo, con la misma fidelidad, que a un gran señor. Recorren las calles, entregando la compañía necesaria a los vagabundos y se convierten en sus inseparables lazarillos. En su devenir marcan momentos inolvidables, el quiltro chileno es único y fue capaz de ingresar a la cancha, en dos ocasiones, mientras se desarrollaba el Campeonato Mundial de Fútbol de 1962. Fue en el Estadio Sausalito de Viña del Mar, en los partidos de Brasil con Inglaterra y de Checoslovaquia con Yugoslavia. Durante el desarrollo del partido, el jugador inglés Jimmy Greaves, en cuclillas y agazapado, lo pudo tomar, para sacarlo del campo de juego. Dicen, que a ese perro negro, los brasileños se lo llevaron de mascota, ya que les trajo suerte y se encuentra embalsamado, en una de las vitrinas de la Confederación Brasileña de Fútbol, como su más preciado trofeo. Que decir del perro Pickles, que fue capaz de encontrar, la copa Jules Rimet, sustraída días antes del inicio del Campeonato Mundial de Fútbol de 1966, en Inglaterra, entremedio de unos matorrales de Londres. No puedo dejar de mencionar, a la mártir de la carrera espacial del hombre, la perra Laika. La que ladra en ruso, emprendió su viaje sin retorno, en el cohete “Sputnik”, que llevaba su única tripulante a bordo, despegando de la Tierra, el 3 de Noviembre de 1957. Así Laika, una pequeña perra sin raza, recogida de las calles de Moscú, se convertía en la primera pasajera de un viaje al espacio de la Historia. Un día leyendo la prensa, quedé impresionado por un acto de fidelidad a toda prueba. Un sujeto fue abatido por la policía y su perro permaneció al lado del cadáver, por varias horas, no dejando que nadie se acercara a su alrededor, hasta que tuvo que ser sacrificado, para que siguiera el procedimiento de rigor. Cómo no mencionar, a los perros policiales, a los guardianes, los perros guías de ciegos y discapacitados, los que detectan drogas, los perros rastreadores que ayudan en siniestros y terremotos, buscando a personas atrapadas y cadáveres. Así me encuentro, con el “Perro Cojo” de Manuel Benítez Carrasco, el “Perro Vagabundo” de Carlos Pezoa Véliz, el “Callejero” de Alberto Cortés. Los perros, siempre los perros. El galgo Timmy fue el perro más prolífico del que se tenga conocimiento, engendró tres mil cachorros. El perro de San Roque, es el símbolo de la fidelidad, cuidó al santo cuando éste, apestado, se aisló para morir. El ovejero alemán Rin Tin Tin y la collie Lassie protagonizaron famosas series en el cine. Los canes creados por la fantasía en la literatura, las historietas y los dibujos animados. Una galería integrada por Colmillo Blanco, de Jack London; el sabueso Snoopy; Scotty, de La dama y el vagabundo; Pluto y Goofy, clásicas criaturas de Walt Disney; Patán, el de la risa ahogada; Colmillo, el perro espía de la serie El Superagente 86, Beethoven el San Bernardo que ha protagonizado varias películas. El reconocido Nipper, el bull terrier que escuchaba “la voz del amo” en los viejos gramófonos RCA Víctor, los tocadiscos del ayer. Chocolate, el perro callejero de Punta Arenas, que se paseaba por las calles de la austral ciudad, fue asesinado a puñaladas por un sujeto desconocido. La comunidad conmovida por tan cruel hecho, se organiza para erigirle un monumento en su recuerdo. Cierto día, quedé sobresaltado, al ver unas fotos de una exposición del fotógrafo uruguayo Naul Ojeda que conmemora los 100 años del Presidente Salvador Allende. En una de ellas, se muestra al Palacio La Moneda, después del golpe militar, destruido por el sector de la calle Morandé, por los efectos de los bombardeos del 11 de Septiembre de 1973 y entremedio de las ruinas se ve la figura de un perro negro, mudo testigo de la crueldad de aquel aciago día, que interrumpió el proceso democrático en Chile. El Rucio, el perro que sobrevivió a la matanza, en los alrededores de La Moneda, antes de la asunción presidencial de Michelle Bachelet. Spike, el popular y simpático perro, rostro de la publicidad de Lipigas. Chocolate, un perrito con atrofia muscular, en sus patas traseras, que se quedó a vivir en las dependencias del Supermercado Santa Isabel, de la calle Santa María de Arica y es el regalón de los funcionarios y clientes que acuden al local comercial. La fidelidad del perro callejero recibió su merecido homenaje en una de las estaciones del metro del frío Moscú. “Compasión” es el nombre de la obra del escultor Alexandre Tsigal y el arquitecto Andréi Nalich, que se encuentra en un paseo subterráneo junto al vestíbulo de la estación Mendeléieskaya. En el mismo lugar, fue asesinado un perro callejero que era la mascota de los empleados del metro. La muerte del can, bautizado como Málchik (Niño), por los funcionarios del metro, acaparó titulares de la prensa y logró conmocionar a la opinión pública, surgiendo entre artistas y escritores, la idea de pedir a la gerencia del metro de Moscú, un espacio para homenajear a los perros callejeros del mundo. Fui sobresaltado por los ladridos de la Pantera, un gato pasaba por el techo de la casa y todas ladrando defendían su propiedad del intruso que merodeaba por allí. Son guardianas a toda prueba y defienden su territorio. Allí, me doy cuenta que se comunican y reafirman su rango, por medio de posturas y un lenguaje corporal específico, para asumir su responsabilidad en la manada. En su parición, la Solitaria dio a luz ocho cachorros, a los que amamantó y crió con una dulzura sin igual. Nadie se podía acercar a su canil, excepto yo, para darle su comida y agua. Cualquier intruso que se acercaba, era perseguido con una bravura de perra defensora de su camada. Me recuerdo que incluso días previos a su alumbramiento, la había echado del sector, ahuyentándola a gritos, pero ella ya tenía elegido el lugar preciso para cuidar a sus cachorros. Los cachorros nacieron el 10 de Septiembre de 1998. Al salir de mi casa, observé a la Negra fuera de su canil y al acercarme veo a una perra pariendo su tercera cría. Así, la Solitaria pasó a ser un miembro más de nuestra familia. La perra fiera, se convirtió en una dócil y obediente integrante del clan perruno. La Dorka, la miniatura que cabía en una caja de zapatos, con su señorío y garbo se hacía respetar como la líder de la manada, dando órdenes a través de sus ladridos, gestos y movimientos de su cola. Era capaz de desafiar a perros de mayor tamaño e incluso a pastores alemanes; cuando salía a la calle con su cadena, siendo que parecía un llavero. Nos acompañó, por casi dieciséis años, sumiéndonos en una eterna pena el día de su partida, sobretodo a mi hija Gina, que la recibió con escasos días de nacida. La Negra, recogida de la calle, siendo una cachorra de una semana. Se encontraba llena de garrapatas y fue atendida con una inmensa ternura por mi esposa Gina, que con paciencia infinita, sacó cada una de las intrusas de su cuerpo. Será por eso, que la Negra le prodiga un cariño a toda prueba y la sigue al lugar en que ella se encuentre por la casa y la espera en el antejardín, cada vez que sale. Gimiendo de alegría y dando saltos al percibir su regreso. Así, entrega su gratitud hacia quién la libró de esas abominables alimañas parásitas. La Negra, lleva diez años con nosotros y es la regalona de mi hijo Pablo. La Pantera, la irreverente, tiene una lucha constante con todo lo establecido y sus bríos juveniles le dan el impulso necesario para hacer de las suyas y sacarnos de nuestras casillas. Ese baloncito de inquietud nos acompaña por seis años. La Solitaria, la aparecida, la callejera, haciendo uso de todas sus artimañas aprendidas en la calle cuidaba de su prole. Los perritos crecían y al cumplir los dos meses empezamos a regalarlos. Había uno negro entero, que me llamó la atención desde un comienzo y pese a todas las insinuaciones de mi esposa se quedó en la casa. Lo bauticé con el nombre de Pelé, era un perro negro grande y hermoso, que corría ondulando su cuerpo y más parecía un centro delantero de los antiguos por sus desplazamientos y arremetidas briosas. Era un gusto sin igual verlo correr. En una de sus correrías nocturnas contrajo una infección y a los once meses de vida, pese a nuestro dolor, con un veredicto veterinario, debió ser sacrificado. El Pelé recorre las esferas siderales en el jardín de nuestra casa. La Solitaria, que llegó con seis años y nos brindó casi diez años de su existencia, luchaba contra su tumor y en dos ocasiones fue operada, pero el maldito seguía sin irse. También, fue operada para extirparle su útero, debido a una vaginitis. Algunas llagas comenzaron a aparecer, pero con el tratamiento veterinario empezaba a recuperarse. Mientras nos encontrábamos de vacaciones en Los Lagos y las perrita estaban al cuidado de Jaime, un envenenamiento fulminante truncó la vida de la Solitaria. Pese a su lucha, la Solitaria emprendió el camino hacia el cielo de los perros para dormir su sueño eterno. No teniendo manera de expresar el dolor por esa partida, logro mitigar la pena, entendiendo que en el nacimiento de Jesús, estuvo presente un perro. En ese acontecimiento tan importante que marcó la historia de la humanidad no podían faltar. Porque estoy seguro que Dios vio el mundo a través de los ojos de los perros. Son únicos, un perro ingresó a la cancha en el Estadio Carlos Dittborn, durante el partido de San Marcos de Arica y Unión La Calera, otro en el Estadio El Cobre del Salvador y un tercero cruzó el campo de juego en el Estadio de Punta Arenas, durante el encuentro de apertura del Campeonato Copa Chile, 2008. Mi hija Gina, llegó a la casa con la Ania, una cachorra samoyedo de la tercera camada de la Loba y el Oso. Dedicado a todos los callejeros, a las manos que les entregan cariño y especialmente a mi hija Gina, por su inmenso amor por los perros. Autor: Rubén Saavedra Vásquez Profesor de Estado